Ciudades visibles, pensamiento invisible. Por Laura D’Angiola.

La lectura del texto de Calvino me llevó a reflexionar sobre lo visible y lo invisible, como formas de manifestación de la realidad que nos rodea.

El pensamiento es básicamente invisible. Podemos, frente a una necesidad específica, explicitar nuestro pensamiento, pero, por lo general hemos aprendido a mantener nuestros procesos mentales para nosotros mismos. Y de la misma manera, somos ignorantes del pensamiento de los otros, y de las muchas situaciones que nos invitan a pensar.

Pero esto no debe ser necesariamente así. Nos gustaría que las personas pudieran estar alertas y pensantes ante las situaciones de la vida cotidiana, al momento de realizar decisiones importantes,  al momento de discernir entre discursos de palabras muchas veces envolventes pronunciados por políticos,  para poder organizar sus sentimientos y evitar impulsividades que luego dejan huellas, en la construcción de sus proyectos de vida.

Ni el pensamiento de otros, ni las oportunidades para pensar, necesariamente deberían ser invisibles. Como educadores podemos esforzarnos por enseñar a nuestros alumnos a hacer visible su pensamiento en clase. Y ya que estamos educando en la incertidumbre, porque ninguno de nosotros puede predecir qué mundo vivirán nuestros alumnos en sólo algunos años, resulta cada vez más trascendente enseñar a visibilizar los procesos mentales que nos ayudan a apropiarnos de la realidad que nos rodea.

Para esto debemos rodearnos, como instituciones educativas, de un lenguaje de pensamiento, y de una cultura de pensamiento.  Muchas veces le pedimos a nuestros alumnos que piensen…sin brindarles el lenguaje necesario para poder explicitar ese pensamiento.

David Perkins, de la Escuela de Graduados en Educación de la Universidad de Harvard, (Perkins, 2001) sugiere rutinas de pensamiento, es decir, patrones sencillos de pensamiento que pueden ser utilizados una y otra vez hasta convertirse en parte del aprendizaje de la asignatura misma.

Tishman (Tishman, 2002) propone dos preguntas claves: “¿Qué está sucediendo en esta situación?” y “Qué observas que te lleva a decir esto?”. Estas dos preguntas interpelan al estudiante para que pueda interpretar una situación y dar razones de apoyo. Pueden ser utilizadas en diversas áreas del aprendizaje y con alumnos de diferentes edades y trayectorias escolares, para que aprendan a explicitar sus argumentaciones. Explicitar, cuestionarnos, discernir, serán habilidades que nos ayudarán a trascender los contenidos específicos de las materias.

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Una vez que comenzamos a esforzarnos por visibilizar el pensamiento descubrimos diferentes y variadas situaciones para hacerlo. El objetivo es lograr una cultura de pensamiento en el aula, que priorice estas operaciones a la simple adquisición de contenidos. Si trabajamos para esto nuestros alumnos comenzarán a mostrar disposiciones que nos gustaría observar en todos los jóvenes: capacidad de asimilar diferentes puntos de vista, lo que lleva a tener una mente más abierta, voluntad de comprender en lugar de sólo procesar datos, actitudes cuestionadoras de prejuicios, entre otras.

Las investigaciones realizadas por la escuela de Educación de la Universidad de Harvard demostraron que no alcanza con desarrollar habilidades de pensamiento. Si bien éstas son importantes también es importante desarrollar actitudes de alerta frente a las situaciones que convocan al pensamiento y el desarrollo de actitudes positivas hacia el pensamiento y  el aprendizaje. A  menudo nuestro pensamiento se mueve en un nivel superficial no porque no tengamos la habilidad de pensar a un nivel más profundo sino porque no percibimos la oportunidad o porque no nos importa involucrarnos en un nivel mayor de pensamiento. Es decir que el desarrollo del pensamiento requiere no solo habilidades, sino también una  actitud de alerta para percibir oportunidades y también la voluntad de involucrarnos en este tipo de actividad intelectual.

Sabemos que el llamado a explicitar el pensamiento interpela nuestras prácticas docentes. Citando a David Perkins, “Como educadores nuestra primera tarea tal vez es ver lo ausente, escuchar el silencio, notar lo que no está ahí. El proverbio chino nos dice que un viaje de mil millas comienza con el primer paso. Ver lo ausente es un excelente primer paso. Sin él, el viaje seguramente no se va a realizar. Con ese primer paso y con la dirección y energía que éste trae consigo, nos encontramos en el camino para hacer el pensamiento visible.”

Nuestro desafío como educadores será que  este viaje hacia una explicitación de nuestro pensamiento y hacia la búsqueda de una cultura de pensamiento sea significativo para nuestros proyectos de vida y los proyectos de vida de nuestros alumnos.

Tishman, S. (2002). “Artful reasoning”. In Grotzer, T., Howick, L., Tishman S. 6 Wise, D, Art works for schools: A curriculum for teaching thinking in and through the arts, Lincoln, Ma.
Perkins D.N. & Tishman, S. (2001): Dispositional aspects of intelligence.

 

Nota sobre la autora:

Laura D´Angiola es profesora nacional de inglés, egresada del Instituto Superior en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”. Actualmente se encuentra cursando el posgrado en Gestión Educativa en FLACSO. Se desempeña como Coordinadora de Estudios Internacionales en Barker College.

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