Transmedia, pasión y creatividad. Por María Monserrat Pose.

Hay historias que nos fascinan desde la primera palabra, desde la primera imagen. Hay otras que nos resultan arduas al principio, ya sea por la multiplicidad de personajes, por el punto de vista o por la estructura narrativa, pero que, una vez superados estos obstáculos iniciales, nos gratifican y nos enamoran. Nos entregamos a la magia de lo que Coleridge llamó la “suspensión voluntaria de la incredulidad”, y por un breve lapso nos olvidamos de las reglas de la vida cotidiana y nos adentramos en ese mundo ficticio. De esta manera, vivimos vicariamente las aventuras o desventuras de los personajes, y  recreamos en nuestra imaginación cada suceso. Pero, obviamente, en algún momento la magia llega a su fin y no podemos dejar de sentir algo de pena por tener que abandonar ese mundo que hicimos nuestro por un rato.


   Los escritores, al sentarse a escribir, a veces experimentan terror ante la página en blanco por miedo a no poder llenarla.  Los lectores y espectadores enamorados de un determinado mundo ficticio sentimos algo parecido cuando nos topamos con el blanco de la última página, o con el fotograma que muestra la palabra “fin”. Nos invade el  pánico ante ese vacío, y también el dolor de  tener que abandonar  ese mundo que ocupamos por un período de tiempo determinado. Nos parte el alma que el relato se acabe, y si bien estamos ansiosos por conocer ese final, es raro que no deseemos prolongar nuestra estadía en esa historia, para saber algo más de esos personajes con los que compartimos tantos momentos, o para explorar alguna de las tramas secundarias que quedaron sin desarrollar…

    Creo que es justamente este sentimiento el que explica la narrativa transmedia. Los lectores y/o espectadores que se enamoran de un determinado universo narrativo, no se resignan a abandonarlo, y eso los mueve a recrearlo, modificarlo, expandirlo y completarlo usando todo los medios a su alcance. Están aquellos que se animan a producir  y a publicar, y están aquellos que no se animan,  pero que  leen, celebran, se ríen, siguen y redistribuyen esas nuevas versiones del relato. Son las dos caras del fenómeno, y ambas comparten esa fascinación por un mundo ficcional determinado,  y ese deseo de erradicar la palabra “fin” de ese universo.  

    Fomentar la narrativa transmedia en el aula es invitar a nuestros alumnos a recrear estas pasiones. Es invitarlos a apropiarse de un determinado relato, a comprenderlo en todos sus  detalles y a descubrir aquellos aspectos que han quedado afuera del hilo principal para retomarlos desde la creatividad. Es invitarlos a volver a contestar las preguntas que la historia formula, pero desde otra perspectiva, y a compartir estas nuevas producciones a través de distintos medios. La narrativa transmedia promueve, entre otras cosas, la  comprensión profunda del texto, el pensamiento crítico, la creatividad, la empatía y la comunicación,  y es por eso que su valor educativo es innegable. Pero, además, ofrece el plus de ser motivadora, de ser un desafío tanto para el docente como para el alumno, y, en la clase de literatura, nos deja la esperanza de despertar y/o avivar la pasión por la lectura.

Nota sobre la autora:

María Monserrat Pose es Licenciada en Letras de la UBA y profesora nacional de Inglés, egresada del Instituto Superior de Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández. Actualmente, se desempeña como profesora de Literatura Inglesa en Barker College.

Crédito Video: Vera Rexach

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