Ciudades en serie. Por Luis García Fanlo

Uno de las componentes fundamentales de la mayoría de las series dramáticas de televisión norteamericanas es la ciudad, a tal punto que no solo identificamos cada serie con una ciudad sino que conocemos esas ciudades gracias a las series de televisión. Las ciudades son protagonistas porque no operan como un decorado, contexto o trasfondo inerme sino como discurso y como dispositivo que hace-hacer y hace-ser a los personajes.

Sería imposible la existencia de The Wire sin Baltimore, Dexter sin Miami, las decenas de policiales ambientados en Nueva York, ni The Missing en ese pequeño pueblito francés o The Killing sin Seatle. No tendría sentido House of Cards si no fuera por Washington DC, e incluso The Walking Dead sin Atlanta o Breaking Bad sin Albuquerque. Sin duda que Fargo sería el paradigma de una serie de televisión cuyo principal protagonista es una ciudad.


Las ciudades, en las series, son mucho más que sus calles, edificios y esquinas. Son también un modo de vida y un concepto que define una forma de ser de quienes la habitan. Son sus lugares y sus no-lugares con su desarrollo desigual y combinado, su clima y sus habitantes. Por eso muchas series se fragmentan tomando el nombre de diferentes ciudades: no es lo mismo, por ejemplo, CSI Las Vegas que CSI Miami o Nueva York. No es lo mismo Law & Order en Nueva York, en Los Ángeles o incluso más allá del océano en la mismísima Londres.

Y además, gracias a las series de televisión, es como si las habitáramos y fueran nuestras ciudades. Porque viajamos en sus taxis, comemos en sus restaurantes, desayunamos donas con café negro en sus bares, corremos por su calles, subimos a lo alto de sus rascacielos, corremos locas carreras de automóviles en sus autopistas, y con ellas ardemos y estallamos, y en ellas nos acechan zombis, asesinos seriales, y agentes secretos del gobierno o invasores de otros mundos.

Las ciudades en las series de televisión son un umbral, un pliegue y una experiencia límite siempre representada y nunca alcanzada.

Somos como Kublai Kan en las ciudades invisibles de Italo Calvino, y nuestro Marco Polo son las series de televisión.

Nota sobre el autor:

Luis E. García Fanlo es doctor en Ciencias Sociales y Sociólogo por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Profesor Adjunto de “Historia Social Argentina” y Profesor Titular de “Sociología de la argentinidad” (Carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, UBA). Es profesor del “Taller de Tesis” en el Programa de Doctorado en Ciencias Sociales (UBA) y del Seminario “Michel Foucault” en la Maestría en Estudios Culturales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). También se desempeña como investigador del Área de Estudios Culturales del Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG-UBA) y del Centro de Investigaciones en Mediatizaciones (Facultad de Ciencia Política y RRII, UNR).

Crédito imagen: amctv.com

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